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•5 Febrero 2010 • Dejar un comentario

Morgue

•3 Febrero 2010 • 1 comentario

 

Cuando la esfinge herede el sucumbir, moldearemos cuentas de trance a dentelladas; hallaremos espejos allende la imaginación, en las nubes de alga.

Allá en los camposantos moribundos, allá en los paraísos soñados, vestiremos las galas del plenilunio. Bienaventurados los que emergen y en pos de la carne se arrastran. Credo de los ausentes…

Crecemos en el seno de las brujas de invierno -nuestra sonrisa a mano alzada- y a sus estancias u hogares de hollín regresamos… cada atardecida de responsos… cada vida de ausencia…

Allá…

•24 Enero 2010 • Dejar un comentario

Travieso y avieso, tragaste el hilo pensando en lazos de tiempo incierto;

vagaste ciega, tormento en ciernes, sin alga joven, sin mar pudiente.

Infancia queda, infancia mustia, tan de repente, infancia hiel…

Tus manos mueren, su tacto arrastra los vanos ecos, las nuncaglorias de simas brotan…

Quedó allá, aquel hilado de nieblas vivas, de nácar savia, de siempre en proa,

quedó sin luz tu piel de cielo, tu acorde mágico, tu rostro pleno. 

Cuán sugerente, cuán triste y seca, cuán esquelética es tu belleza,

Aquí un relámpago de fina seda despierta el tul de la verdad,

cuán triste y seca es tu belleza… allá en tu sueño la muerte llega…

Rumbo a Oz

•16 Enero 2010 • 1 comentario

 

La espera, sin tacto de estelas, sin beso del día… la espera…

Al norte de bosques sin senda… supuesto arlequín al acecho… la espera…

El tímpano insane enuncia la nana, la espina cantaba… la espera…

La crisálida de Adán

•27 Diciembre 2009 • Dejar un comentario

Entre dos pesadillas, amanece siempre, acariciando el lastre del destino con la pulpa de un alfiler, como si hogar pretendiese cifrar entre los ecos del jadeo y el desvanecimiento aparente de los ogros, desdentando, al poco, con el aguijón envenenado de su otra vida. El alba como espanto en ciernes…

Perdición, llameante desde que me aferré a tu antebrazo fornido, a tu musculatura de estaño; soledad y silencio, desde que advertí el abismo en tu aliento, desde que mis caricias fueron una utopía desgranada en rededor de tu agreste alma, abrasado mi pecho por tu silueta de gaviota ahogada; llanto demente, desde que fui consciente de que sólo el relámpago lograba iluminar los acantilados de tu semblante.

En el primero de los sueños, tú, mi príncipe cruel, domaste mi tiritar, rasgaste el alga de mi nombre; así soñaste distante y persuadido por el canto de la polilla, para plegar mi corazón, vacuo y reseco, en trece lamentos a la deriva durante el segundo y postrero trance adormecido, cuando ya era cresta sangrante y encadenada a tu mar.

Y entre ambas noches, una ilusión legando ecos en mi agonía, la de un vínculo diferente, la de una flor que se expresa en el cadalso del témpano. ¿No habrías de ser, finalmente, talante y seda, rima o corona?

Sé mi amante entre ambas demudas de oleaje, muestra arrepentimiento, aun por un solo momento que justifique mi embelesamiento delirante por tal chacal. Entre los dos océanos de tortura, entre la sórdida niebla de aquel primer desprecio y la niebla del abandono, vaga perdido, mi caballero, como si la locura te privase del entendimiento y pretendieras mi seno cual posada eterna.

Después, cuando vuelva a llover y el espejismo se devore a sí mismo, ódiame con el sinsentido de tu acecho, hállame entregada al pincel de tu malaventuranza, entre el sístole y el diástole de tu terrible existencia, hállame crisálida y víctima de tu voluntad…

Destierro

•18 Diciembre 2009 • 1 comentario

No es luz venidera, no es cesura en verso, no es cáliz dulce ni eternidad a tu antojo. Por más que cifrado en destellos mágicos parezca, mi abrazo no es salmo que puedas poseer sin quedar ciego. Aun fingiendo no colmarte de su cal púrpura, lamento o hiel, siéntelo… es la noche y mi invocación; es mi lamento y decoro, dos octavas más allá de tu sentido y fragilidad.

Orquesta el silencio, entona la seda nocturna cual poseso, pretende mayúsculas en epitafio. Te permito la grandiosidad ahora que el péndulo holga esbozos en tus venas, ahora que la ceniza te invade, ahora que abrasa memorias y ecos. Tu nombre será una gota de hojarasca… y tu dolor, la rima postrera.

Eclipsarás a la propia sombra, delegarás tu esencia en un suspiro torturado, infinito, pero, cumplido el segundo día de viaje por entre las criptas de tu interior, emanarás de los océanos oscuros para palpar el plenilunio. Y desearás…

Palpa mi desnudez, hila la bruma, muere en mi estampa lupina. No recito sin recompensa, el placer sin par de arrebatarte la vida. Bésame mientras anudo desdenes varios a un escalofrío; tú lo pretendiste y, ahora, lo dejo fluir yo hasta tu corazón para nombrarte perdición en la noche. Busca mi abismo de nácar, mi estigma testigo, mi referente de siglos. Yo te destierro, solaz diurno, yo te entrego la llave de los destiempos, el cofre de los llantos, el lienzo de la sed.

Y a vosotros, ogros esculpidos en la medianoche, os insto a abandonar, una atardecida más, nichos angostos, nubes de harapo y forestas sin senda. Conquistad la telaraña de la eternidad. Presas no os faltarán…

La visión

•10 Diciembre 2009 • 1 comentario

Descamada y regia, declinando lazos de ventisca, pespuntando sus cicatrices a partir del patrón del último relámpago cuerdo, mórbida y lechosa danzaré, hilando mercurio sobre tus párpados, hasta que el horror rome tu lengua y acalle tus lamentos. Soy la postrera visión del difunto, el vals de los acallados, el terciopelo de la ceniza.

Súbito encuentro, caminante. Aciaga tu suerte… Ni un soslayo al mundo, ni una lágrima por la luz o tus seres queridos. Serás mío sin abanderar pasión alguna, sin haber labrado el eclipse sobre el que habré de pernoctar, una vez asentada la nieve.

Cuando mis yemas sobre tu pecho labren la enramada carmesí, susurra tus pecados al instante, imántalos a tu conciencia; deja sanar tu sangre, que enloquezca tu memoria, pero escancia sin dilación los instantes de mi deleite, hazlo cuando mis fauces se apresten a devorar. Será tu privilegio, mi solaz.

Escucha llorar a los cielos extintos; una brida, un anillo, dos pétalos nombrados y un camino hacia palacio… olvidados en el tiempo. Helado, el tul de mis galas enamoradas cubrirá tu tiritar y muerte en mi seno.

Bienvenido al país de los desdenes, al festín de los cuervos sin verso.

UN ECO

•1 Diciembre 2009 • 3 comentarios

 

Es trance y guedejas lo que palpas, perla de susurros lo que degustas, verde consunción lo que te ciega… al este de los recuerdos, bajo el peso de los abismos, tú.

Es el alma dispersa, sortilegios de lluvia, lo que te serena… aprendí a verte danzar sobre versos de agua, tu belleza singular, tan cerca de la mentira… la seda de un espejismo.

Retorna pronto a mi casona de cuentos ténebres. Te aguarda una caricia en la frente y dos mimos de cuerda.

 

ACECHOS…

•20 Noviembre 2009 • 5 comentarios

Hállame, serena y demente, tras tus suspiros, tras el pétalo febril que lega tu desconsuelo. Soy la amante sin labios, la desnudez sin sinuosidad, el trasgo de la desesperación, el insomnio de la vocal al expirar. Soy la lluvia a la deriva, la caída de la hoja perenne, el odio de una madre. Soy el no ser.

ENTRONIZADOS

•10 Noviembre 2009 • 3 comentarios

Desde que la sinceridad no nos mira a los ojos, desde que la muerte nos sorprende en madrugadas níveas, desde que nuestro corazón supura ceniza, desde que la hostilidad habla encarnizadamente de nosotros, nos sobrevuela y cae sobre nuestra desorientada pose para desgarrar perfil y besos, desde que los ríos de la esperanza incurren en silencios de carestía, desde malaventuranzas tales, nos sentimos herederos del reino de lo humano. Torpe belleza la nuestra.

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