LAS PROMETIDAS DEL OGRO

 

La pesadilla nos alienta, el fruto podrido tizna nuestros labios. Huérfana como nosotros, la senda tartamudea destino y calma. Es la nada que soñó nuestra musa de trapo. Con el corazón de alga y los ojos torturados, ella quedó atrás, enterrada, después de que un lobo la magullase, ningunease su alma de muñeca y la coronase a dentelladas entre sus presas más céreas y silentes. Desde entonces, huimos sin sombra a la que contar que tememos o deseamos caer en cepo cualquiera de bruja.

 

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Hoy se durmió la lluvia antes de lustrar nuestros ropajes y ni siquiera la arboleda deseó cortejarnos como antaño, pero las palabras de Haisia, mi almizclada hermana, pacen en el silencio hasta cultivar los instantes con un eco de gala, el de una página que pasa. Siglos ha, se escribió nuestro destino, pues somos momias de relato, pero la tinta es tan crepuscular como promiscuo es su sangrar y en tiempos de sombras salimos a subasta. No nos contemples; sueña con nosotros sólo para ubicarnos entre el lamento de los buitres, pero despierta después y preserva el odio, tu recelo… déjanos morir en la oscuridad.

Somos el cuento que la tempestad hornea, la seda herida, la estirpe del escalofrío, el duermevela de la razón, el capricho de un bosque sin alma… las prometidas del ogro.

~ por Carpathius en 4 abril 2009.

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